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Mostrando entradas de septiembre, 2026

Las lentejas de mi madre: el sabor de la cocina de siempre

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Imagen creada con IA  Hoy me he comido las lentejas que hizo ayer mi madre y, nada más probarlas, he vuelto a darme cuenta de que, como tantos otros guisos suyos, nunca conseguiré copiarles el sabor. Últimamente cocino yo más para mis padres que ellos para mí. Son los años, y no es solo una expresión, es la realidad. Con los noventa y dos años que tiene mi madre, eso de cocinar ya le da pereza, pero lo que hace todavía conserva ese sabor exquisito que inmediatamente me lleva a mi niñez, a los años en que vivía con mis padres. Su especialidad siempre han sido las manitas de cerdo, aunque ahora, cuando decide cocinarlas, primero me pregunta cómo las hacía, que no sabe si se acuerda bien de todo lo que les ponía. Y yo se lo digo, porque hace unos años tuve la precaución de preguntarle por esa y por otras recetas suyas y de apuntarlas en una libretita, sin saber entonces cuánto iba a agradecer tenerlas guardadas ahí y no solo en la memoria. Le doy la receta y luego ella hace la magia. ...

Acróstico para Pilar: un relato para el 12 de octubre

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Mis recuerdos van desde aquel banco en el paseo de Sagasta de Zaragoza, donde mi abuela Josefa nos llevaba de la mano a mi hermano, a mis primos y a mí, vestidos de baturros. Yo era la «niña» y la pequeña, una baturrica de unos dos años con un enorme moño, de cara alegre y regordeta, que seguramente no entendía nada de lo que estaba pasando y mucho menos por qué mi mamá me había vestido así, me había recogido el pelo y me había pintado coloretes en la cara. El banco del paseo de Sagasta, con la abuela Josefa. Yo soy la del moño. La primera vez que me vestí de baturra no sabía hablar. Mi madre, modista de profesión, me hizo el traje en sus ratos libres y a escondidas, y cuando llegó aquel doce de octubre vistió a mi hermano, que tenía ya cinco años, y le dijo a mi padre que lo subía a casa de Pilar, la vecina del tercero, para que viera lo guapo que estaba de baturrico. En realidad, mi madre había dejado mi vestido de baturra allí la tarde de antes y me vistió en aquella casa. Al cabo ...