Cuando volvió la luz: cartas a un amigo que ya no está
Esta entrada es la continuación de Por si vuelve la luz Si todavía no la has leído, empieza por ahí. Imagen creada con IA Primera carta Oporto, finales de octubre Querido amigo: Te escribo desde una mesa pequeña junto a la ventana de un café de la Ribeira, con la lluvia bajando por los cristales como si tuviera prisa por llegar al Duero y un latte en vaso largo de los típicos de por aquí que se me está quedando frío porque no paro de mirar hacia la calle. Él ha salido a comprar castañas asadas a un señor que las vende en un carrito humeante, y desde aquí lo veo discutir en un portugués inventado, muy serio, con las manos, y el señor se ríe, y yo también. ¿Te acuerdas de aquella cena? Tú pusiste la mano sobre el mantel y yo no te la di. Pues quiero que sepas que, aunque no la cogí, me la llevé puesta. Durante mucho tiempo, cada vez que el muro pesaba más de la cuenta, me acordaba de tu mano quieta allí, esperando sin pedir nada, y eso me bastaba para seguir. No sé decirte cuándo c...