Las lentejas de mi madre: el sabor de la cocina de siempre
Imagen creada con IA Hoy me he comido las lentejas que hizo ayer mi madre y, nada más probarlas, he vuelto a darme cuenta de que, como tantos otros guisos suyos, nunca conseguiré copiarles el sabor. Últimamente cocino yo más para mis padres que ellos para mí. Son los años, y no es solo una expresión, es la realidad. Con los noventa y dos años que tiene mi madre, eso de cocinar ya le da pereza, pero lo que hace todavía conserva ese sabor exquisito que inmediatamente me lleva a mi niñez, a los años en que vivía con mis padres. Su especialidad siempre han sido las manitas de cerdo, aunque ahora, cuando decide cocinarlas, primero me pregunta cómo las hacía, que no sabe si se acuerda bien de todo lo que les ponía. Y yo se lo digo, porque hace unos años tuve la precaución de preguntarle por esa y por otras recetas suyas y de apuntarlas en una libretita, sin saber entonces cuánto iba a agradecer tenerlas guardadas ahí y no solo en la memoria. Le doy la receta y luego ella hace la magia. ...