Queridos hermanos: relato de duelo en Todos lso Santos
El viernes acabamos tarde, con la mesa llena de copas y una sobremesa que se alargó como hacía tiempo que no pasaba. Unos amigos habían venido de París y esa fue la excusa, la que necesitamos los que vivimos en Zaragoza para quedar de una vez, porque el día a día nos arrastra, como yo digo, y nos vamos encerrando en lo cercano hasta que apenas dejamos tiempo para lo que de verdad importa, que casi siempre es sentarse a una mesa con la gente a la que quieres. Fue una noche de las buenas, de esas en las que se ríe mucho y se habla de todo, y todavía brindamos una vez más cuando nos contaron que su hija, que se casó en julio, está esperando un niño. La vida venía de camino y nosotros lo celebrábamos sin saber que al día siguiente nos iba a tocar despedir otra. El sábado por la mañana, con la cabeza aún sin despejar del todo, sonó el teléfono. Era el hermano de mi primo José Luis para decirme que estaba muy grave y que, si queríamos despedirnos de él, teníamos que subir cuanto antes a...