6 de enero de 1959 - Un regalo de reyes inesperado
Madrid amaneció con una luz especial aquel seis de enero. Alegre de una forma contenida, casi tímida, como si la ciudad se permitiera sonreír solo por unas horas.
En Chamberí, los niños habían tomado las aceras. Salían de los portales aún con el abrigo mal abrochado, arrastrando muñecas con carritos nuevos, enseñando balones de cuero reluciente, haciendo sonar timbres de bicicletas recién estrenadas. Algún patinete chirriaba al girar, orgulloso de su primer paseo. Las madres los apremiaban hacia la misa de Reyes, pero ellos se resistían, querían que el mundo viera lo que había llegado de Oriente.
Alondra caminaba entre ellos.
Yo sentía su paso más lento, menos calculado. No había misión, no había consignas. Solo ese ruido limpio de la infancia que no teme ser vista. Sus labios se curvaron en una sonrisa breve, casi sorprendida, como si aquella alegría le recordara algo que había olvidado sin darse cuenta.
Por un momento, no fue espía. Fue mujer atravesando una mañana luminosa.
Alondra salió temprano, envuelta en su abrigo, sin maquillaje, como si ese día no exigiera máscaras.
No iba a trabajar. Iba a cumplir un ritual: bajar al quiosco de la esquina a comprar el periódico.
Era uno de los pocos abiertos.
El quiosquero llevaba allí toda la vida: bufanda de lana, manos curtidas, mirada que lo había visto todo y no preguntaba nada.
Sobre el mostrador, ABC, Arriba, algún diario extranjero reservado para clientes concretos.
Yo sentía su paso distinto. Más ligero. Como si el suelo no reclamara obediencia.
—Buenos días, señorita Morente —dijo él, sin levantar la voz—. Feliz Reyes.
—Feliz Reyes —respondió ella, pidiendo el periódico de siempre.
El hombre lo dobló despacio. Luego, sin mirarla directamente, colocó encima un paquete no muy grande envuelto en papel marrón, sobrio, sin marcas.
—Esto también es para usted. Me dijeron que se lo entregara hoy.
El corazón de Alondra dio un salto seco.
Por un segundo pensó en El Cuervo. En órdenes. En sombras.
—¿Quién lo dejó? —preguntó, sin urgencia.
—Un caballero. Educado. Dijo que no había prisa… solo fecha.
Alondra asintió. Pagó y se alejó.
Yo sentí cómo su paso se tensaba y se aligeraba a la vez, como si algo la confrontara bajo su piel.
En casa, dejó el periódico intacto sobre la mesa, se quitó el abrigo y abrió el paquete.
Dentro había un libro en inglés. De tapa sobria. Sin ornamentos. Se trataba de una edición de:
“Four Quartets – T. S. Eliot”.
Acarició las tapas, aspiró el olor del papel, y al pasar las hojas dejó que los versos se airearan, como si el libro también necesitara respirar tras el viaje. Entre sus páginas encontró una amapola seca, cuidadosamente prensada, frágil y perfecta en su quietud.
Entonces reparó en la dedicatoria, escrita en la primera página, con una caligrafía que ya conocía:
“Para cuando el mundo te pida silencio.
L.”
Alondra cerró los ojos y, sin darse cuenta, llevó el libro contra su pecho. A su memoria vinieron momentos vividos en Berlín, Londres y la pasada Nochevieja en la embajada inglesa...
—Lennox —susurró, con una sonrisa que no se permitía a menudo.
Sus dedos recorrieron el papel como si temiera romper algo invisible y abrió el libro al azar. Sus ojos se detuvieron en los primeros versos:
“Time present and time past
Are both perhaps present in time future,
And time future contained in time past.”
El tiempo presente y el pasado —pensó—
contenidos en lo que aún no ha ocurrido.
Sintió un vuelco suave, profundo. No era nostalgia. Era reconocimiento.
Como si él le estuviera diciendo, sin decirlo, que no se habían encontrado por azar.
Que el pasado los había preparado; el presente los había unido y que ese futuro incierto, peligroso, sin garantías… también les pertenecía de algún modo.
No era una promesa. Lennox nunca prometía. Era algo mejor: una certeza íntima, silenciosa, compartida solo por ellos.
Yo, a sus pies, sentí cómo su cuerpo se aflojaba por primera vez en mucho tiempo.
No dejaba de ser quien era. Pero durante unos minutos, en aquel día de Reyes, Alondra se permitió algo extraordinario:
Sentir 🖤

Precioso y evocador!❤️
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