Capítulo IV: El peligro de la obediencia ciega - Saga: Mi Sombra
Madrid. Barrio de Chamberí. El amanecer se derramaba sobre los tejados con el mismo silencio obediente de los días censurados. Llevaba meses sin sentir el pulso de la calle ni el temblor del peligro. Rodeado de mis compañeros comunes, que últimamente parecían tener más suerte que yo, pues salían cada día de su sueño de cartón. Aquella mañana, Alondra, como siempre, había llegado puntual a su oficina en la embajada británica. Trabajaba concentrada, la cabeza ligeramente inclinada, el cabello sujeto con una horquilla. Sus dedos bailaban sobre las teclas, traduciendo discursos y cartas para el agregado comercial. El muchacho del correo entró con su habitual torpeza, dejó sobre la mesa un fajo de documentos y se marchó sin levantar la vista. Entre los papeles asomaba una hoja con el sello grabado a fuego en tinta negra: el cuervo de alas abiertas. Bastó una mirada para reconocerlo. El Cuervo volvía a llamarla. Alondra no hizo gesto alguno. Solo acarició el borde del papel y lo escond...