Entré en aquel bar, pero bien podía haber sido cualquier otro. Musica suave de un piano, murmullo y risas de los que allí estaban. Miré alrededor pero decidí sentarme en la barra. — Un Jack Daniel's sin hielo, por favor Mi boca escobó una media sonrisa. Como no, mi conciencia me había traicionado, había pedido justo su bebida favorita — ¿Desea algo más? — No gracias, así está bien. Cerré los ojos e inspiré el dulce aroma a vainilla con toques de regaliz del whisky, cientos de recuerdos inundaron mi mente, acerqué el vaso a mis labios y bebí un pequeño sorbo. En ese instante recordé sus besos tan potentes y dulces como esa bebida, tan suaves, carnosos, húmedos y sensuales. Ese intimo pensamiento erizó la piel de todo mi cuerpo. Había pasado ya un mes desde que había vuelto de Madrid, ahora esta era mi realidad, no sé porque aun no había conseguido aceptarlo, pero me costaba tanto seguir sin él que ese mes se me había hecho como un año. Los días pasaban lentos, tediosos...