Atrás queda una semana de trabajo en Dortmund, montada en el tren apenas puedo esperar a llegar a la ciudad que tantos recuerdos me evoca. Estoy nerviosa, muy nerviosa, miro a través de la ventana del tren y veo pasar los campos, las casas, las nubes grises y mi corazón se acelera mas y mas, después de mas de 25 años vuelvo a mi segunda ciudad especial. El tren se detiene, hemos llegado a Hannover y mi corazón da brincos de alegría dentro de mi pecho. La estación es un hervidero de gente. Es viernes, hora punta y la ciudad tiene el ajetreo habitual de gente que sale del trabajo deseosa de empezar su merecido fin de semana. Salgo al hall de la estación y pienso las veces que estuve allí mismo, cierro los ojos y me digo: “He vuelto, estoy realmente aquí” Reiter Augustus, el padre de la ciudad sigue ahí. Mis pasos se adentran en la ciudad, tengo tiempo de perderme por sus calles antes de que llegue Christian. Paseo, hago fotos, me siento f...