Hoy no puedo, lo dejamos para otro día
Laura llevaba media hora mirando el árbol desde la ventana de su estudio sin haber escrito una sola palabra.
El estor, a medias. La taza de té, fría. El cursor, parpadeando con esa paciencia irritante que solo tienen las máquinas.
Afuera, el viento sacudía las ramas con ganas, como si quisiera arrancarles algo que no terminaban de soltar. Una primavera rara, esa, que no acababa de decidirse entre el frío y el calor. Como ella últimamente.
Cogió el móvil. Lo dejó. Lo volvió a coger. Las noticias eran las mismas de siempre: una guerra, otra guerra, un hombre que había matado a su mujer, otro que había matado a sus hijos. Laura lo cerró antes de llegar al final del titular. Había un límite para lo que una persona podía absorber en un domingo por la tarde.
Sus amigos tenían planes. Su familia estaba desperdigada por medio mundo. Y ella ahí, con el té frío y el cursor parpadeando.
Entonces levantó la vista y vio el cielo.
Azul. Limpio. Despejado de una manera casi ofensiva, como si nadie le hubiera avisado de que el mundo estaba hecho un desastre. El viento se había llevado las nubes y había dejado esa luz clara de última hora que a veces regala marzo cuando le apetece ser generoso.
Laura apoyó la barbilla en la mano y pensó que ojalá pudiera hacer eso el viento con ella. Llevársela. Depositarla en algún lugar con arena y olas, donde su mayor decisión fuera en qué página dejaba el marcador antes de quedarse dormida al sol.
Sin noticias. Sin guerras. Sin ese peso sordo que se instala en el pecho cuando el mundo se empeña en ser demasiado mundo.
Había quedado con Marta a las siete. Hacía tres días que lo tenían planeado, un plan sencillo, un café, nada del otro mundo. Pero a las cinco y media le había escrito: "Hoy no puedo, lo dejamos para otro día."
Marta le había contestado con un corazón. Sin preguntas. Como si lo entendiera perfectamente.
Laura miró la taza fría. Se levantó a calentar el té.
Y mientras esperaba, con las manos alrededor de la taza, pensó que quizás el problema no era el mundo ahí afuera con sus guerras y su ruido. Quizás era ella, que últimamente necesitaba demasiada energía para hacer cosas que antes le salían solas.
O quizás las dos cosas.
@SoniaGama65


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