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Mostrando entradas de abril, 2026

Un refugio que no tiene dirección

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 Hay vínculos que no se viven en el día a día,  pero aparecen —con una precisión casi milagrosa—  cuando algo dentro de ti se desordena. No están en la rutina.  No están en los planes.  Pero están. A veces pienso  que no todas las relaciones están hechas para quedarse.  Algunas están hechas para sostener.  Para ofrecer un lugar sin preguntas.  Para acompañar sin ruido.  Para decir, sin decirlo: puedes quedarte un rato aquí . Lo curioso es que ese lugar no tiene dirección.  No hay mapas.  No hay horarios.  No hay promesas.  Y, aun así, siempre sabes cómo llegar. Entras con el frío pegado a la piel,  con la cabeza llena,  con el alma cansada.  Te quitas el abrigo.  Notas el calor de una taza entre las manos.  Respiras.  Y algo —no sabes muy bien qué— empieza a ordenarse. No hay explicaciones pendientes.  No hay urgencia.  A veces ni siquiera hay palabras.  Y, sin embargo...

Cartas que no necesitan piel

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En este nuestro rincón, donde el silencio tiene nombre y la distancia se disfraza de palabra, te espero. No en la carne —que no conoce tu tacto—, sino en esa orilla de letras donde aprendimos a rozarnos sin tocar. Hay días en que tus correos me acarician el alma con más precisión que cualquier mano. Otros, me rozan con la tristeza de lo que no se dice, Como una despedida que aún duda si irse. Nos hemos contado derrotas y alivios, rencores y madrugadas, hemos hecho del correo un cuerpo que respira entre líneas. Tu voz llega como una estación distinta, con primaveras que florecen entre bandejas, y veranos que regresan cálidos de recuerdo. Yo te respondo con palabras que buscan sostener, no poseer, como quien enciende una lámpara en la distancia. Sé que tus frases saben a café y espera, que mi escritura tiembla en tu lectura, y que entre nosotros vive esa llama tranquila que calienta sin quemar. Bella dama, me llamas. Y yo me reconozco en ese título que me inventa, porque solo en tu voz e...